Regulando el apetito

En los últimos años el conocimiento de los procesos de hambre y saciedad han avanzado permitiendo construir un modelo que ha sido resumido esquemáticamente por Bludell (1). Ello nos permite delinear una sucesión de eventos que componen el inicio, la duración y la terminación de un tiempo de comida, así como los intervalos entre los episodios ingestivos.

Las señales que impulsan el inicio de un tiempo de comida se originan en relación a un estómago vacío que genera señales eléctricas transmitidas a través del nervio vago sinérgicamente a una progresiva elevación de la hormona estomacal Grelina, la cual aumenta progresivamente el hambre, al tiempo que también se generan señales glucostáticas ante una relativa hipoglucemia de ayuno detectada por el sistema nervioso central.

El estado fisiológico en el que se produce una inhibición de la ingesta a través de señales “de plenitud” se le denomina “saciedad”. La saciedad se produce dinámicamente en medio de ese tiempo de comida e induce la terminación de ese mismo episodio ingestivo. Posterior a dicha terminación, los signos absortivos producidos por los nutrientes se van desvaneciendo de forma gradual y se inicia el siguiente periodo de incremento de las señales del hambre que llevarán nuevamente al inicio de la alimentación. Todo ello se produce en el marco de procesos cognitivos y sensoriales que guían la anticipación a una comida, conjuntamente con procesos previamente aprendidos que anticiparán recompensa y placer que influirán de igual forma para determinar la cantidad y calidad del alimento. (2)

El tubo digestivo genera información post ingesta a través de señales físicas de distención, así como de carga osmótica, generando retroalimentación en relación a la cantidad ingerida. En este punto tenemos una saciedad de mediano plazo que es modulada por hormonas peptídicas intestinales incluyendo GLP1, Colesistoquinina (CCK) y PYY, que además tienen funciones relacionadas con la digestión. Asimismo estos péptidos son inhibidores de la ingesta. Finalmente, la fase post absortiva es modulada por las concentraciones de glucosa y aminoácidos en la sangre controlada por la insulina y la oxidación de nutrientes en el hígado. El cerebro integra las señales de todos estos procesos. El conocimiento de dichos procesos ha generado oportunidades de intervención y la posibilidad de producir alimentos o reformular nutrientes que pudieran suprimir el apetito y modificar el comportamiento hacia alimentos saludables. (3)

Es necesario contextualizar lo anterior entendiendo que evolutivamente, el sistema de regulación hambre-saciedad es muy sensible al balance energético negativo, ante lo cual se favorece fuertemente el sobreconsumo calórico para supervivencia de nuestra especie. Comparativamente el sistema es muy tolerante al balance energético positivo, siendo que los mecanismos para inhibir el hambre resultan débiles ante las oportunidades de continuar la ingesta (4). Durante miles de años la escasez de alimentos y la exposición del género humano a periodos de hambruna favoreció el desarrollo de mecanismos en donde los impulsos del hambre y la continuación de la ingesta, sobrepasan con creces las señales inhibitorias dando como resultado una mayor facilidad para la ganancia de peso, aún más que para su pérdida.

INTERVENCIÓN NUTRICIONAL
Así como se considera que cierto tipo de alimentos pueden ser generadores o favorecedores de una mayor ganancia de peso, lo contrario también pudiera ser propuesto, es decir, ciertas propiedades de los alimentos o de sus componentes pudieran ser potenciados para interactuar con mecanismos fisiológicos que limiten la ingesta calórica. Esta estrategia podría combinarse con otras modificaciones en el estilo de vida como la actividad física y terapia conductual.

Actualmente, se estudian algunas áreas de interés para modificar el ambiente endocrino-nutricional durante las primeras etapas de la vida que pudieran tener un impacto en etapas más tardías del ciclo vital (5). Otro aspecto a considerar es si las formas físicas del alimento (líquido, semisólido o solido) pueden tener diferentes efectos en la manera en que el cerebro procesa la saciedad o bien, el papel del nervio vago para comunicar señales desde el tubo digestivo hasta el cerebro. Ello podría conducir a desarrollar soluciones dietéticas basadas en alimentos funcionales. (6)

El objetivo final sería encontrar alimentos potenciales que pudieran acelerar la saciedad dentro de un tiempo de comida o prolongar la saciedad entre dos episodios ingestivos. Esto último reduciría “los antojos” entre comidas. (3, 7)

INTERVENCIÓN SOBRE EL NERVIO VAGO
Un abordaje que actualmente se encuentra bajo experimentación es el bloqueo vagal con toxina botulínica, la cual interfiere con la liberación de acetilcolina desde las terminaciones nerviosas. El concepto ha sido probado en roedores teniendo reducciones de peso de hasta el 30% en un periodo de cuatro semanas. Este concepto se prueba actualmente en humanos con un estudio de fase 2. (4)

PROGRAMACIÓN METABÓLICA Y DEL NEURODESARROLLO
Otro ejemplo está representado por la manipulación secreción de Grelina y Leptina. Un modelo experimental ha probado la administración de alimentos en roedores recién nacidos, inhibiendo la producción de Grelina en el período postnatal temprano a través de sobrealimentación. Ello modifica el desarrollo de circuitos hipotalámicos que pudieran ser posteriormente irreversibles, disminuyendo a la postre la sensibilidad a la Grelina. Este tipo de intervención, abriría la puerta a la modificación de patrones de alimentaciones postnatales para prevenir enfermedades metabólicas y obesidad en etapas posteriores de la vida. (7)

ALIMENTOS FUNCIONALES
En la actualidad, se evalúa el desarrollo de alimentos con particular efecto sobre GLP1 en las porciones distales del íleo, donde radican las células L. Algunos aminoácidos como la glutamina y ciertos oligopéptidos favorecen la sobre expresión de GLP1 (8-10). La intención dieto terapéutica estaría basada en reformular los macronutrientes de la dieta tomando en cuenta el grupo de alimentos que más causa saciedad y prolongue la duración de esta misma. Las proteínas es el grupo de macronutrientes que más favorecen la saciedad, y entre ellas las que contienen aminoácidos de cadena ramificada. (11)

Hasta ahora las estrategias de dietoterapia exclusivamente restrictivas para tratar sobrepeso y obesidad han sido insuficientes y frustrantes. Es necesario estudiar con detalle y entender los mecanismos que involucran saciedad y hambre. La investigación y los conocimientos moleculares de la regulación del balance energético permiten visualizar nuevos abordajes para tratar el problema de la sobreingesta energética, teniendo como objetivos blancos terapéuticos con impacto en la saciedad temprana y prolongada y así poder controlar el hambre y realizar mejores decisiones dieto terapéuticas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
1. Blundell J, De Graaf C, Hulshof T, Jebb S, Livingstone B, Lluch A, et al. Appetite control: methodological aspects of the evaluation of foods. Obesity reviews. 2010;11(3):251-70.
2. Halford JC, Harrold JA. Satiety-enhancing products for appetite control: science and regulation of functional foods for weight management. Proceedings of the Nutrition Society. 2012;71(02):350-62.
3. Van Kleef E, Van Trijp J, Van Den Borne J, Zondervan C. Successful development of satiety enhancing food products: towards a multidisciplinary agenda of research challenges. Critical reviews in food science and nutrition. 2012;52(7):611-28.
4. Johannessen H, Olsen MK, Cassie N, Barrett P, Rehfeld JF, Holst JJ, et al. Mo2054 Preclinical Trial of Gastric Injection of Botulinum Toxin Type a As Weight-Loss-Surgery. Gastroenterology. 2014;5(146):S-1077.
5. Mercer JG, Johnstone AM, Halford JC. Approaches to influencing food choice across the age groups: from children to the elderly. Proceedings of the Nutrition Society. 2015;74(02):149-57.
6. Schulz LC. The Dutch Hunger Winter and the developmental origins of health and disease. Proceedings of the National Academy of Sciences. 2010;107(39):16757-8.
7. Collden G, Balland E, Parkash J, Caron E, Langlet F, Prevot V, et al. Neonatal overnutrition causes early alterations in the central response to peripheral ghrelin. Molecular metabolism. 2015;4(1):15-24.
8. Diakogiannaki E, Pais R, Tolhurst G, Parker HE, Horscroft J, Rauscher B, et al. Oligopeptides stimulate glucagon-like peptide-1 secretion in mice through proton-coupled uptake and the calcium-sensing receptor. Diabetologia. 2013;56(12):2688-96.
9. Samocha-Bonet D, Wong O, Synnott E-L, Piyaratna N, Douglas A, Gribble FM, et al. Glutamine reduces postprandial glycemia and augments the glucagon-like peptide-1 response in type 2 diabetes patients. The Journal of nutrition. 2011;141(7):1233-8.
10. Greenfield JR, Farooqi IS, Keogh JM, Henning E, Habib AM, Blackwood A, et al. Oral glutamine increases circulating glucagon-like peptide 1, glucagon, and insulin concentrations in lean, obese, and type 2 diabetic subjects. The American journal of clinical nutrition. 2009;89(1):106-13.
11. Martens EA, Lemmens SG, Westerterp-Plantenga MS. Protein leverage affects energy intake of high-protein diets in humans. The American journal of clinical nutrition. 2013;97(1):86-93.