Estrategias saludables

Reducción de Azúcar, Sal y Grasas: una oportunidad para México

Steve Osborn discutirá algunas de las soluciones y tecnologías de la innovación alimentaria disponibles para encarar estas cuestiones globales de salud y explicará por qué México tiene el potencial para explotar esto, más pronto que tarde. A continuación, les presentamos un adelanto de su ponencia, que tendrá lugar el 24 de septiembre en el Congreso Internacional del Food Technology Summit & Expo México 2015. 

México se atrevió a hacer lo que muchas otras naciones están pensando actualmente y en esto se ha fijado la mirada de la industria global de alimentos y bebidas, tanto marcas, como reguladores y productores, todos por igual. La principal razón es que en 2013, en respuesta a haber logrado la denominación dudosa de ser “la nación más gorda del mundo”, México introdujo “el impuesto al azúcar” en refrescos endulzados con azúcar.

México no es el primero en la aplicación de un “impuesto al pecado”.  El gobierno danés actuó de forma similar en 2011 a través de la aplicación de una recaudación fiscal en todos los productos que contenían más del 2.3% de grasa saturada.  Esta “tasa a las grasas”, sin embargo, fue retirada hace un año atrás, sugiriendo que no solo fue difícil de administrar sino que había fallado en sus objetivos primarios, que consistían en cambiar los hábitos de consumo de la nación. Incluso se sugería que debido a la “ventaja geográfica” de Dinamarca, muchos consumidores estaban cruzando las fronteras a países vecinos para evitar los cargos adicionales.

Actualmente, Reino Unido se está acercando a estas medidas a través de la adopción de códigos voluntarios. Este programa actúa sobre lineamientos del gobierno y trabaja en conjunto con retailers y productores para implementar estrategias auto-impuestas y enfocándose en la reducción. Esto es visto como un acercamiento progresivo, cuando el compromiso público con este asunto también resulta en una puesta en evidencia de los peores actores contra sus propósitos. La cara pública de estas estrategias viene en la forma de “Acción de Consenso sobre la Sal en la Salud (CASH)” y “Acción sobre el Azúcar”.  La aproximación de estos “grupos de acción” ha sido considerada agresiva y controvertida por algunos sectores de la industria, pero tienen que ser acreditados trayendo el debate al frente de los pensamientos de la industria de alimentos y bebidas.

El triunfo de la reducción de sal en Reino Unido puede medirse por la reducción del 15% entre 2001 y 2011, pero aun es considerado demasiado alto, ante un promedio por encima de los 8g/día. Un estudio reciente que estima el consumo global de sal en países específicos, reporta con preocupación el consumo alto de sal en casi la totalidad de los 187 países estudiados, con el mayor consumo encontrado en Asia Central y Este, Europa del Este y Medio Oriente, demostrando que estos asuntos son, de hecho, globales, y una elección entre regulación y auto-gobierno es algo que cada país tendrá que justificar para ellos mismos.

El impacto del impuesto al azúcar en México está comenzando a hacerse visible y las indicaciones tempranas dicen que ha sido positivo, con una reducción general en el consumo de bebidas azucaradas. Los reguladores de la industria alimentaria y los observadores de tendencias están ansiosos por entender si esto continuará siendo efectivo y si tal medida podría ser favorable en sus propios mercados; y qué impacto, si es que lo hay, esto tendría en innovaciones futuras. El impacto en nuevos desarrollos está ya dándose como una reacción a este impuesto, con la introducción de nuevos productos e ingredientes, como Rhoifolin y Taumatina, proteínas modificadoras de sabor, que son el fundamento de la próxima generación de estrategias reductoras de azúcares, colocando a México como líder de nuevos productos, ingredientes e innovación.  

Más información: http://foodtechnologysummit.com/summit/estrategias-saludables/

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